
Con la finalidad de unificar blog y web personal, he decidido continuar aquí de ahora en adelante. Gracias por tu visita y perdón por las molestias.
Salud,
Ricardo


Ricardo Bosque es un escritor de ojos azules, crines rubias y mueca canalla, es decir, con la estampa de un novelista norteamericano, que ha dado en nacer en las riberas del Ebro, ese río que se nos antoja el Mississipi español. No es un galán, digámoslo claro, pues tiene un fondo suburbial y unas hechuras de duro que ha visitado, aunque sea de pasada, los infiernos urbanos; es más bien un lector al que los libros le han contagiado, como a don Quijote otrora, la enfermedad de sus personajes: el placer por encontrar qué se esconde tras el mal, los callejones oscuros, la cercanía de la muerte, la ausencia del perdón. Porque Bosque no es un recién llegado; es más bien un veterano del género negro que edita el blog La Balacera (www.balacera.blogia.com) además de la revista digital .38 (www.punto38.es); un escritor que se inició en el año 2000 en el género con su novela El último avión a Lisboa, que cultiva el relato negro y que ha sido finalista en varios concursos con cuentos como Aïcha, Páginas Amarillas o Remover el pasado, clasificada en la antología Nuevos Culpables del Policial Español.
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VV. AA. La lista negra. Nuevos culpables del policial español
Edidión y prólogo de Àlex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero
Salto de Página
Fecha de edición: febrero de 2009
Los veinte autores reunidos en la presente antología son ya algo más que sospechosos habituales en las ruedas de reconocimiento de la narrativa policial española. Si abrimos el sumario, comprobaremos que la mayoría son buscados por más de una novela policial de éxito, y quien menos empieza ya a sonar en los bajos fondos literarios entre murmullos de cauteloso respeto. El lector que se adentre en ellos encontrará, como señalan los antólogos de este volumen, no sólo nuevas miradas sobre el policial español, sino también una lista negra de autores que irrumpen cada vez con más fuerza en la narrativa negrocriminal.
DOMINGO VILLAR, PEDRO DE PAZ, ANTONIO JIMÉNEZ BARCA, RICARDO BOSQUE, CARLOS M. ORTEGA VILAS, LUIS GUTIÉRREZ MALUENDA, NACHO FAERNA, ÓSCAR URRA, JUAN APARICIO BELMONTE, JOSÉ LUIS CORREA, JAVIER PUEBLA, LAURA MALASAÑA, LUIS GARCÍA JAMBRINA, EMPAR FERNÁNDEZ, PABLO BONELL GOYTISOLO, JUAN RAMÓN BIEDMA, CARLES QUÍLEZ, JOSÉ ÁNGEL MAÑAS, ANTONIO DOMÍNGUEZ LEIVA, JOAQUÍN GUERRERO-CASASOLA
«La lista negra. Nuevos culpables del policial español nace con la intención de ofrecer un panorama de las nuevas tendencias del género. Es, pues, una recopilación de cuentos inéditos donde el lector encontrará no sólo nuevas miradas sobre el policial español sino también una lista de autores que irrumpen cada vez con más fuerza en la narrativa negrocriminal. Citados ya los clásicos españoles, se ha tener en cuenta que detrás de ellos emerge un nuevo grupo dentro del género. Sin duda la aportación de estos veinte escritores (...) lleva a confirmar sin lugar a dudas la existencia de un nuevo grupo de narradores negros y, por extensión, que España empieza a ser, literariamente hablando, un país con cierta tradición criminal.
» (...) Herederos de aquel grupo de la Transición española que abrió un difícil camino, este elenco de escritores forma ya un excelente panorama de la literatura negro-criminal que se escribe actualmente en España.»
Del prólogo de Àlex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero
ÀLEX MARTÍN ESCRIBÀ y JAVIER SÁNCHEZ ZAPATERO dirigen el Congreso de Novela y Cine Negro que desde 2005 se celebra anualmente en la Universidad de Salamanca, y han editado las obras Manuscrito criminal. Reflexiones sobre novela y cine negro, Informe confidencial. La figura del detective en el género negro y Palabras que matan. Asesinos y violencia en la ficción criminal.
Hace aproximadamente un mes estuve en Madrid, pateando cámara en ristre las calles del centro como buen turista de provincias. Desde Malasaña -visita obligada ese Bukowski que codirige Carlos Salem en San Vicente Ferrer- hasta Lavapiés, desde Atocha a Sol, podía haberme evitado el viaje en AVE, los nosecuantos euros de vellón que me dejé en el hotel, las ampollas en los pies... No habría disfrutado del sabor de las cañas siempre acompañadas con una tapa -a ver si vamos tomando ejemplo en otras capitales- pero me habría ahorrado todo lo demás de haber tenido antes entre las manos esta primera novela de Óscar Urra, A timba abierta.
Porque, en clave de novela negra, de la mejor novela negra, Urra ofrece un recorrido digno de figurar en una guía de viajes, pero no de una cualquiera sino de una de esas que te permiten conocer los rincones menos monumentales pero más humanos, los bares sórdidos, los cines decadentes que se defienden como pueden de las salas asépticas y siempre iguales de los centros comerciales.
Y lo hace de la mano de cuatro cicerones que conocen esos barrios como nadie, cuatro perdedores de manual pertenecientes a cuatro estamentos distintos pero construidos con los mismos genes, cuatro ases de una misma baraja: Julio Cabria, detective y ludópata -o viceversa-, al borde de la azotea y del suicidio en el momento en que recibe el encargo que le hará posponer su despedida de este mundo cruel; Gregorio Meléndez, policía que se resiste a ser prejubilado, cínico, violento y un tanto desconcertante en su modo de actuar; César, camarero de raza, de los que dominan el arte de tirar una buena caña de cerveza y con algún vicio inconfesable aunque sea de dominio público; y el Vitriolo, experto en mantener las orejas permanentemente abiertas y la boca siempre cerrada salvo que haya dinero por medio.
A estos cuatro elementos se irán uniendo otros no menos importantes, desde el mafioso castizo apodado el Botines y sus dos inseparables guardaespaldas a un personaje enigmático que se dedica a abofetear con sus soflamas libertarias la cara de quienes están dispuestos a escucharle, desde tres mafiosos de los de Italia de toda la vida a una intrigante Pandora a la que todos buscan...
Escenario reconocible y perfectamente descrito, personajes de carne y hueso, una trama que -como diría un chef pijo y sin querer avanzar nada de la misma- aúna tradición y modernidad... Con todo ello ya tendríamos una muy buena novela, pero lo que hace de A timba abierta una novela excelente es el extraordinario dominio del lenguaje que demuestra su autor, que sabe mezclar lo descarnado con lo lírico, que demuestra con palabras precisas su profundo amor a todo un barrio y a unos personajes a los que parece conocer muy bien, posiblemente a fuerza de haberlos visto a diario entre la cola para el pan y la lectura de la prensa en una terraza soleada.
Lo decía al principio: hace aproximadamente un mes estuve unos cuantos días por Madrid, recorriendo esas mismas calles de las que habla Urra; hoy, gracias a su novela, creo que he llegado a conocerlas de verdad.
A TIMBA ABIERTA
Óscar Urra
Salto de Página
Hacía bastante tiempo que no me metía entre pecho y espalda una novela en una sola tarde. Para ser más precisos, en una breve sentada de poco más de dos horas, y para ello deben darse una serie de condiciones. La primera, evidentemente, que la novela no sobrepase las doscientas páginas. La segunda, más importante que la primera, que se trate de una buena novela. Y este es el caso, desde luego, de El Alien, del irlandés Ken Bruen.
Aunque buena parte del peso de la novela, al igual que sucedía en la primera de la serie (El Gran Arresto), recaiga en los conocidos como los R&B de la policía londinense -el inspector jefe Roberts y el sargento Brant-, habría que ser justos y decir que en realidad se trata de una novela protagonizada por una comisaría del sudeste de Londres así como por sus mejores clientes, los delincuentes habituales y esporádicos que la pisan con cierta frecuencia. ¿Paralelismo con el Distrito 87 de McBain? Más bien fruto de la admiración hacia el escritor por parte del sargento Brant, coleccionista de toda su obra y por cuya pérdida es capaz, literalmente, de matar.
Roberts se enfrentará, con todo el cinismo de que es capaz, a un cáncer de piel que requiere de unas cuantas sesiones de radioterapia -a destacar el divertido y realista diálogo entre médico y paciente-. En la familia, claro está, las cosas no van mejor que en su salud física.
Brant viajará a su Irlanda natal y, de ahí, a Nueva York. Quienes acabaron con su colección de novelas están en su punto de mira, como también lo está el conocido como El Alien, asesino que no se complica las cosas a la hora de elegir herramientas para su trabajo: como un buen bate de los de toda la vida no hay nada. Y para que no quede un cabo suelto, Bill -propietario del Greyhouse- quiere dar una lección a Brant, primero por medio de El Alien y más tarde con un aprendiz de asesino al que reclutará en un curioso casting.
Y por si fuera poco, un peligroso pirómano anda suelto por Londres. Falls, la tercera en discordia, policía y negra por más señas, debe afrontar un cambio radical en su vida mientras trata de capturarlo sin ayuda de nadie, algo que contraviene todas las reglas policiales y de sentido común.
Diálogos bien trabajados, situaciones violentas que bordean lo surrealista, personajes a los que uno termina tomándoles cariño a pesar de que no se lo merezcan, ironía en estado puro y acertadas y justificadas referencias literarias y musicales hacen de El Alien una novela altamente recomendable que demuestra que, en el género negro, no todo está dicho. Ni mucho menos.
En estos días en que tanto se habla de crisis económica y financiera, me viene a la cabeza un término que se repite a menudo y que resulta perfectamente aplicable -literariamente hablando- a Michael Connelly: valor refugio. Y recuerdo también que ya en una ocasión comparé al estadounidense con un famoso insecticida cuyo eslogan más popular era el de "eficacia probada".
Llevaba demasiado tiempo sin echarme a la cara un tebeo protagonizado por ese millonario llamado Bruce Wayne (a veces me preguntó por qué los potentados muestran tanta querencia por meterse en camisa de once varas en lugar de disfrutar de sus millones en una playa paradisíaca como haríamos los que no tenemos un duro en la cuenta corriente), y Batman Presa, de Doug Moench y Paul Gulacy, ha sido una magnífica elección para volver al redil, desde luego.Me encuentro, para empezar, con un Batman casi en fase de aprendizaje, mal visto por los ciudadanos a los que pretende defender. James Gordon, su único aliado en la policía, debe conducirse con prudencia y todavía no puede presumir de saber cómo contactar con el héroe, que lo de la señal en el cielo todavía está en sus inicios un tanto clandestinos. Un alcalde empeñado en rentabilizar políticamente la posible detención del enmascarado, un pies planos con encefalograma igualmente plano y, por si fuera poco para sentirse acosado, un psiquiatra, el doctor Hugo Strange, pasado de vueltas, un tanto histriónico y fetichista y al que deberíamos recomendar que fuera él quien se tumbase semanalmente en un diván.
La presencia un tanto forzada de Catwoman -utilizar a la felina como cebo no creo que justifique su presencia en la historia aunque nos permita disfrutar con sus poderosas curvas- completa una historia magnífica. Pero, como diría Super Ratón, no se vayan todavía, aún hay más... Y es que el volumen se completa con Terror, secuela en la que Strange sigue haciendo de las suyas, esta vez con la colaboración de otro clásico rival de Batman, un Espantapájaros huido de la cárcel y dispuesto a poner en su sitio a todos aquellos que le humillaron en sus tiempos de estudiante.
Excelente tebeo con el que pasar una tarde lluviosa. O soleada, pero Batman tal vez se disfrute más en la oscuridad.
BATMAN PRESA
Guión: Doug Moench
Dibujo: Paul Gulacy
Tinta: Jimmy Palmiotti, Terry Austin
Color: James Sinclair, Steve Oliff
Planeta de Agostini
Quiero ser optimista y pensar que, en el hipotético caso de que decidiéramos hacer una encuesta a pie de calle y preguntásemos el nombre de tres figuras célebres de la literatura húngara, tal vez serían dos los citados por la mayoría y un "no sabe, no contesta" para el nombre que debería completar la terna. Siguiendo con el optimismo, todo el mundo más o menos informado citaría a Imre Kertész y Sándor Márai, dejando en el olvido al que, al menos para mí, debería figurar en primer lugar de un modo indiscutible: Dezsö Kosztolányi.Desde luego, cuando pensamos en la belleza de lo simple no deberíamos olvidarnos de Dezsö Kosztolányi. Y cuando nos pregunten por escritores húngaros, tampoco.
Extraido del blog de Carlos Salem http://
Para que luego digan que el crimen siempre tiene su castigo. A partir del viernes 17 de octubre, inicio una sección semanal dedicada al género negro en el programa "LA CUADRATURA DEL CIRCULO", de RADIO CÍRCULO, del CIRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID (Me ha quedado un post muy circular).
El caso es que el director del programa, Mariano Crespo, seguramente aquejado de locura transitoria, me ha ofrecido un espacio para hablar de lo nuevo y lo de siempre en materia de literatura policial, y si la autoridad no lo impide, ahí estaré, dando la lata, todos los viernes, a partir de las 16.00 horas. El programa empieza a las 15.00 y merece la pena seguirlo. En Madrid se puede sintonizar en el 100.4 de FM, y por vía internet, en:
http://www.circulobellasartes.
¿El título de la sección? MATAR Y GUARDAR LA ROPA. Y para el que piense que es un asqueroso intento de autobombo de mi novela, le diré que SÍ. Pero creo que es también una forma de exponer lo que hacemos con la Novela Negra: asomarnos al lado oscuro de la vida desde la seguridad de un libro. No lo critico, ya que llevo toda la vida haciéndolo y me gusta cada vez más.
Se aceptan sugerencias,colaboraciones y obsequios en efectivo... También críticas, pero para hacerlo, tendrás que escucharme...
NOVEDAD: EN CADA EMISIÓN (CADA VIERNES) LEERÉ AL FINAL DE LA SECCIÓN UNO DE LOS MAGNÍFICOS RELATOS DEL CONCURSO "200 PALABRAS" DE NOVELPOL". EL PRIMERO SERÁ:" NUNCA CAMBIARÉ", DE RICARDO BOSQUE
Carlos Salem Sola
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